Noticias

Miércoles 31 Enero 2018

Cinco fantásticos: suplementación para el síndrome de burnout

El burnout o síndrome de desgaste profesional no es una enfermedad, sino un problema de adaptación social. Con este planteamiento, puedes optar por dos cosas: reducir la presión del entorno o aumentar la capacidad adaptógena. Para esto último hay algunas vitaminas, minerales y hierbas adaptógenas que son interesantes.

 

1. Las hierbas adaptógenas

Las hierbas adaptógenas refuerzan los órganos y su funcionamiento al conservar y restaurar la homeostasis. Hay tres tipos de adaptógenos:

  • Los adaptógenos con fenoles parecidos a las catecolaminas: probablemente tengan un efecto positivo sobre el sistema simpatoadrenal y, por tanto, sobre el estadio temprano de la respuesta al estrés (Eleutherococcus senticosus, Rhodiola rosea, Schizandra chinensis).
  • Los adaptógenos con triterpenos tetracíclicos: se parecen a los corticosteroides y atenúan el sistema de estrés, por lo que contrarrestan la hiperestimulación provocada por los estresores (Bryonia alba, Withania somnifera, Panax ginseng, Eleutherococcus senticosus).
  • Los adaptógenos con oxilipinas: se parecen a los leucotrienos y a las lipoxinas, que mejoran el sistema inmune (Bryonia alba, Glycyrrhiza glabra).

 

Así pues, las hierbas adaptógenas pueden utilizarse en caso de estrés, fatiga y agotamiento, y para tener mejor rendimiento en el trabajo y el deporte. Ayudan a tu cliente a estar más vital y energético, tener mejor humor y equilibrarse más a nivel físico y psíquico.

 

2. Magnesio

El magnesio es un activador en más de 300 reacciones metabólicas, entre ellas, la producción de energía (an)aeróbica, la síntesis de proteínas y ácidos nucleicos, el crecimiento y división celular y la protección de las membranas celulares. Como antagonista del calcio, regula los neurotransmisores y la contracción y relajación de los músculos, ejerciendo así un efecto positivo, entre otros, sobre las funciones mentales, las funciones musculares (miocardio), el control neuromuscular, el tono muscular y la presión sanguínea.

 

En periodos con mucho estrés, el organismo excreta cantidades extra de magnesio. Si esto acarrea un déficit de magnesio, pueden producirse desviaciones en el metabolismo y el sistema inmune y, a la larga, incluso síntomas neuromusculares y psiquiátricos. El magnesio influye en los sistemas que se desregulan en caso de estrés crónico y depresión. Funciona como antidepresivo. En el cerebro, el magnesio refuerza las funciones cognitivas como la memoria y la capacidad de concentración. Posee un efecto ansiolítico, que está relacionado en parte con el efecto relajante del magnesio sobre el sistema muscular y su efecto regulador sobre los neurotransmisores.  

 

3. Zinc

El zinc forma parte de toda clase de sistemas enzimáticos y es necesario para todos los procesos de crecimiento y diferenciación celular. El zinc es un cofactor de la enzima delta-6-desaturasa, actúa en la síntesis de ácidos grasos y está presente, entre otros lugares, en las membranas neuronales. Asimismo, el zinc regula los inmunotransmisores y los neurotransmisores, influyendo de esta forma en los parámetros inmunológicos y conductuales. El nivel de zinc depende de la ingesta diaria, porque el organismo no tiene un sitio donde almacenarlo. El estrés, el tabaco y el alcohol favorecen la excreción de zinc. También los fitatos, los oxalatos, los taninos, el hierro y el calcio pueden obstaculizar la absorción del zinc. La carencia de zinc reduce las defensas. La alimentación rica en proteínas es en general una buena fuente de zinc. La suplementación con zinc puede tener efectos positivos, entre otros, sobre el estrés, las bajas defensas y los problemas psicosociales.  

 

4. Coenzima Q10

La Q10 es esencial para la producción de energía (ATP) en las mitocondrias. La coenzima Q10 (en su forma ubiquinol) es un potente antioxidante liposoluble y captador de radicales que protege el cuerpo contra los daños provocados por el estrés oxidativo. Además, el ubiquinol contribuye al reciclaje de otros antioxidantes. Por consiguiente, la falta de coenzima Q10 disminuye las defensas. La suplementación con ubiquinol reduce la actividad en el suero de la gamma glutamil transferasa, con un resultado de menor riesgo de inflamación, estrés oxidativo, diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Por otra parte, la Q10 mejora la producción de energía mitocondrial y alivia en caso de fatiga y depresión. El efecto del ubiquinol depende de la dosis.

 

5. Complejo B

Las vitaminas del grupo B catalizan como coenzimas toda clase de reacciones bioquímicas. Muchas de estas reacciones están relacionadas con la conversión de comida en energía, pero las vitaminas del complejo B también son importantes para otras reacciones. La tiamina (B1), la niacina (B3) y la metilcobalamina y la cobamamida (B12) son importantes, entre otros, para el cerebro y el sistema nervioso. La colina (B4) es un precursor de un importante neurotransmisor del sistema nervioso parasimpático. Es importante para el descanso y el restablecimiento del organismo. El ácido pantoténico (B5) reduce el estrés.

 

El folato activo (B11) regula procesos de metilación, y su alteración puede causar trastornos del comportamiento y demencia. Las vitaminas del grupo B son, por tanto, importantes para el funcionamiento del sistema nervioso, y suelen proporcionar alivio a las personas estresadas y fatigadas. Además, tienen un efecto positivo sobre la ansiedad, la irritabilidad, el nerviosismo, la depresión y el insomnio. Las vitaminas B funcionan juntas como un complejo, y dependen mucho unas de otras para realizar sus tareas individuales. Por consiguiente, se recomienda administrarlas siempre juntas.

Por lo demás, estos cinco consejos de suplementación no deben ser considerados una monoterapia. La dieta, el ejercicio, la respiración y el biorritmo influyen en la aparición, naturaleza y duración de los síntomas. Con ayuda de una terapia cognitiva u otras intervenciones psicosociales (como una constelación familiar), se puede trabajar adicionalmente sobre los factores subyacentes, como el perfeccionismo no adaptativo o un patrón de expectativas no realista. Resumiendo: la suplementación es importante, pero solo con una terapia integral bien concebida podrás abordar con éxito el síndrome de burnout.

 

Fuentes

http://naturafoundation.es/monografie/Magnesio.html

http://naturafoundation.es/monografie/Zinc.html

http://naturafoundation.es/monografie/coenzima_Q10.html

http://naturafoundation.es/monografie/complejo-de-vitaminas-B.html