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Domingo 21 Enero 2018

Exorfinas: sustancias opiáceas en la comida

Lo que comemos influye en nuestro bienestar mental. Y esto es especialmente cierto en el caso del gluten, que en el intestino se descompone en partículas con actividad opiácea. Estas partículas han sido puestas en relación, entre otros, con trastornos anímicos y depresión clínica.

 

Para saber lo que nos hacen las exorfinas, primero tenemos que saber lo que son las endorfinas. Las endorfinas son proteínas propias del cuerpo con propiedades analgésicas. Son producidas por la hipófisis durante el esfuerzo físico, la excitación, el dolor, la ingestión de alimentos picantes, el enamoramiento y el orgasmo. Desde el punto de vista químico, se parecen a opiáceos como la morfina, y tienen un efecto analgésico comparable. Además, activan la dopamina, un importante neurotransmisor que tiene un papel en el sistema de recompensas del cerebro (Previc, 2009).

 

Exorfinas con actividad opiácea 

Las exorfinas son proteínas ricas en prolina que tienen la misma estructura similar al opio que las endorfinas. La diferencia es que las exorfinas no pueden ser producidas directamente por el ser humano, sino que surgen de la digestión incompleta de los alimentos que contienen proteínas ricas en prolina. Piénsese, por ejemplo, en el trigo (gluten) y el queso (caseína), pero también en los productos de degradación de, por ejemplo, la soja, las espinacas y microorganismos. Estas exorfinas, que se crean en el tracto digestivo, constituyen una carga para todo el organismo.

 

Al igual que las endorfinas, las exorfinas activan durante un breve tiempo el sistema de recompensas dopaminérgico del cerebro. La consecuencia es que somos "recompensados" por comer alimentos que proporcionan exorfinas. Ello no nos cuesta apenas esfuerzo, y tampoco requiere sufrir dolor. Pero el precio que sí pagamos (además del efecto en nuestra salud física) es una asociación emocional con la comida que es difícil de romper. Por eso es tan complicado dejar de comer, por ejemplo, pan (incluso si nos produce molestias intestinales). Más aún: precisamente tenemos la tendencia a comer más y más de estos alimentos.

 

Si comemos demasiados alimentos ricos en prolina, el cuerpo puede dejar de descomponerlo bien. Con el tiempo, la abundancia de exorfinas liberadas llega a causar endorfinorresistencia, lo cual altera las funciones de la dopamina, la insulina, el cortisol y las células inmunes. Especialmente su relación con la dopamina explica por qué los productos de la degradación del gluten también pueden influir en el estado de ánimo y el bienestar psíquico. Por algo los trastornos de la dopamina se han vinculado con patologías psíquicas como el autismo y el TDAH. También la drogodependencia, los trastornos anímicos, la ludopatía, la depresión clínica, la esquizofrenia, el TOC y muchos otros trastornos del comportamiento y afecciones crónicas han sido relacionados con un desequilibrio de la dopamina (Previc, 2009).

 

Falta de DPP-4

Además de un gran consumo de gluten o caseína, también puede originarse una endorfinorresistencia a raíz de un déficit de dipeptidil peptidasa 4 (DPP-4). La DPP-4 es una enzima endógena que ayuda a descomponer las exorfinas rompiendo los enlaces de la prolina. Por eso, la suplementación con DPP-4 puede contribuir a liquidar el gluten no digerido. Esto también ha sido confirmado en una investigación clínica en la que se examinaron los efectos de la DPP-4 sobre un grupo de 22 personas con autismo. El resultado fue que tras doce semanas de suplementación con DPP-4 se produjeron mejoras claras en la atención, la empatía, el contacto visual, la hiperactividad, el estado de ánimo, las repeticiones compulsivas, el sueño, la socialización y el lenguaje (Brudnak, 2002). Todos ellos son síntomas protagonistas del (pseudo)autismo y el TDAH. Los investigadores suponen que los efectos positivos se deben a la mejor descomposición de las exorfinas, que reducen la carga sobre la salud mental (posiblemente genéticamente vulnerable).

 

Sensible o no 

¿Pero cómo puedes saber si es efectivamente el gluten el responsable del perfil sintomático de tu cliente afectado de una trastorno psíquico? Pues, en realidad, es muy sencillo: hacer que, durante un periodo de entre dos y tres semanas, tu cliente no coma gluten ni otros productores importantes de exorfinas, como la soja, el queso y las espinacas. Después, reintroducir el gluten (y las exorfinas) en forma, por ejemplo, de un bocadillo de queso.

 

En primer lugar, al cliente le cuesta bastante prescindir del pan y los cereales de desayuno, probablemente ya al cabo de solo un día o dos. Mucho más, de hecho, de lo que cabría esperar si se compara, por ejemplo, con las patatas: a la mayoría de la gente no le resulta difícil eliminarlas de su dieta. En segundo lugar, si se es sensible a las exorfinas, la reintroducción produce varios efectos. Lo que se suele constatar son cambios de humor, problemas de percepción e irritabilidad. Saber esto puede proporcionar a tu cliente una mejor motivación para elegir otro tipo de dieta (evolutiva y ortomolecular), estimulando, en definitiva, la fidelidad terapéutica.

 

Fuentes 

Previc FH, The Dopaminergic Mind in Human Evolution, Cambridge University Press 2009, pp 75-97.

Brudnak M.A., Enzyme-based therapy for autism spectrum disorders - Is it worth another look?, Medical Hypotheses (2002) 58(5), 422-428.