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Viernes 15 Junio 2018

Las intervenciones en la crianza dejan huella en el ADN


Dentro de la actual psicología del desarrollo se parte de la base de que este es un proceso interactivo entre el niño y el entorno. Lo fascinante es que las experiencias y las circunstancias también pueden tener consecuencias genéticas para hijos y nietos.

 

Cada vez más estudios demuestran que el abandono, el maltrato o el abuso en la juventud dejan sus huellas al nivel del ADN.

 

Crianza y ADN 

Una reciente investigación canadiense deja ver ahora que las madres con tendencia a abusar o maltratar a sus hijos pueden beneficiarse de un programa de intervención psicosocial orientado al apoyo en la crianza. Además, los investigadores ven reflejados los efectos de las intervenciones de crianza en el patrón de metilación del ADN dentro del genoma.

 

En el estudio, de larga duración (casi treinta años), participaron 400 madres y 190 niños. Estas personas procedían de las clases socioeconómicas más bajas. En 1977, se dividió en dos grupos a estas madres embarazadas, por aquel entonces primerizas. Aproximadamente la mitad de estas mujeres recibió revisiones de salud gratuitas relacionadas con el desarrollo del niño, en ese momento aún no nacido. También se les abonó el transporte de ida y vuelta a la clínica.

 

La otra mitad recibió durante dos años visitas a domicilio periódicas y el acompañamiento de enfermeras especializadas en cuestiones relacionadas con la crianza y la planificación familiar. El número de visitas a domicilio varió, en función de la familia, entre 6 y 30. Treinta años después, se estudiaron los efectos en los hijos de las intervenciones aplicadas.

 

Parámetros medidos en la investigación 

Parte de las mediciones del estudio concernían a las respuestas de un cuestionario online acerca de la salud mental que iban desde la aparición de depresiones hasta los problemas de adicción como el consumo de drogas. En este aspecto hubo pocas diferencias entre los hijos de ambos grupos. Dicho de otro modo: en el campo de la salud mental, resultó no haber apenas diferencias en función de si sus madres habían acudido a las consultas para que les hicieran revisiones o si habían sido acompañadas por una enfermera.

 

Pero sucedió algo interesante cuando los investigadores tomaron muestras de sangre: había sutiles diferencias epigenéticas entre ambos grupos. Era llamativa la relación entre la intervención psicosocial de dos años de duración y la manera en que determinados genes modificaron su expresión y, en consecuencia, su función. Los cambios en el ADN se produjeron mediante metilación, un proceso en el que grupos de átomos (grupos metilo) se añaden a moléculas de ADN para modificar la actividad de uno de sus segmentos sin cambiar el orden propiamente dicho.

 

Los investigadores destacan que las intervenciones (positivas) con mujeres embarazadas hasta dos años después del nacimiento dejan huellas en los descendientes a nivel genético. Por tanto, las intervenciones tempranas poseen un efecto epigenético. Es necesario continuar la investigación con estudios de larga duración, que tendrán que demostrar si determinadas intervenciones (familiares) son clínicamente beneficiosas para la salud mental de niños y adolescentes, y de qué manera.  

 

Fuentes 

Kieran J. O'Donnell et al. DNA methylome variation in a perinatal nurse-visitation program that reduces child maltreatment: a 27-year follow-up, Translational Psychiatry (2018). DOI: 10.1038/s41398-017-0063-9