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Lunes 21 Mayo 2018

La microbiota del intestino delgado

La mayoría de las investigaciones sobre la microbiota intestinal se centran en el intestino grueso. Hasta ahora al intestino delgado no se le ha prestado mucha atención. Un nuevo estudio trae vientos de cambio: ha demostrado que los microbios del intestino delgado pueden regular directamente la absorción de grasa.

 

La investigación sobre el intestino delgado (y la microbiota que en él vive) parece acelerarse. Por ejemplo, el año pasado se vio en un estudio con roedores de la Universidad de Princeton que el 90% de la fructosa se digiere en el intestino delgado. Si hay un exceso de fructosa, este órgano no puede con él y es desviado al hígado. Pero también puede llegar al intestino grueso, donde la microbiota no está preparada para recibirlo. Es probable que esto tenga un efecto negativo sobre la microbiota, con todas las consecuencias que ello acarrea.

 

Nuevo estudio                            

Un nuevo estudio sobre el intestino delgado demuestra que la típica dieta occidental hipercalórica puede dar lugar a una proliferación de microbios, la mayoría de los cuales son nocivos para las personas con un estilo de vida occidental. Como reacción a los alimentos ricos en grasas, pueden multiplicarse en el intestino delgado en un periodo entre 24 y 48 horas, y ayudan a favorecer su digestión y absorción.

 

El experimento se hizo con dos tipos de ratones. El primer grupo no tenía gérmenes, había sido criado en salas aisladas y carecía de bacterias intestinales. El segundo grupo estaba libre de patógenos específicos (LPE): estaban sanos y poseían microbios normales no patológicos. Los ratones esterilizados recibían una dieta rica en grasas, pero no eran capaces de digerirla ni de absorberla. Tenían mayores niveles de lípidos en sus deposiciones.

 

Los ratones LPE que recibían una dieta rica en grasas estaban más gordos. La dieta hacía proliferar rápidamente ciertos microbios en el intestino delgado, entre ellos, algunos de las familias Clostridiaceae y Peptostreptococcaceae. Un miembro de las Clostridiaceae parecía influir específicamente en la absorción de grasa. Cuando se complementó su dieta rica en grasas con bacterias de las familias Bifidobacteriaceae y Bacteriodaceae, con frecuencia asociadas a la delgadez, disminuyó la población de otras familias bacterianas. A continuación, a los ratones estériles se les administraron microbios que contribuyen a la digestión de las grasas, y entonces ellos también adquirieron rápidamente la capacidad de absorber lípidos.

 

Acción

Los hallazgos sugieren que dichos microbios facilitan la producción y segregación de enzimas digestivas en el intestino delgado. Estas enzimas rompen la grasa, lo cual posibilita una rápida absorción de alimento hipercalórico. Al mismo tiempo, los microbios secretan compuestos bioactivos. Estos compuestos estimulan a las células absorbentes del intestino a transportar la grasa para su absorción.

La presencia constante de estos microbios, que hacen más eficiente la absorción de lípidos, puede conducir a sobrealimentación y obesidad con el paso del tiempo. Se trata de uno de los primeros estudios que demuestra que ciertos microbios del intestino delgado pueden regular directamente la absorción y digestión lipídica.

 

Conclusión

El intestino delgado tiene un papel más importante de lo que se pensaba hasta ahora. Lo que comemos a diario ejerce una influencia fundamental en la cantidad y calidad de la microbiota de los intestinos delgado y grueso. La dieta puede favorecer cepas de bacterias concretas en el intestino delgado, haciendo que el huésped pueda digerirla y absorberla mejor. Esto puede repercutir incluso en otros órganos como el páncreas.

 

La lucha contra la obesidad puede enfocarse en la reducción de la excesiva presencia o actividad de determinados microbios que estimulan la absorción de grasa, pero también en el aumento de los microbios que pueden inhibirla.

Este estudio ha provocado la necesidad de más investigación al respecto. Sin embargo, los resultados sugieren que se podrían usar prebióticos y probióticos para combatir la obesidad, pero también los trastornos de mala absorción, como la enfermedad de Crohn. Al final, podrían incluso desarrollarse postbióticos (compuestos o metabolitos derivados de bacterias) que mejorasen la absorción de nutrientes.

 

Fuentes