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Martes 8 de mayo 2018

Regulación neuroendocrinológica de enfermedades infecciosas

Regulación neuroendocrinológica de enfermedades infecciosas

 

El estrés psicológico es una parte intrínseca de la vida que afecta a todos los órganos del cuerpo a través de la activación del sistema nervioso y la liberación de hormonas neuroendocrinas. La respuesta fisiológica a los factores estresantes psicológicos puede tener una influencia dramática en el funcionamiento del sistema inmune, lo que agrava la sensibilidad o la gravedad de algunas enfermedades durante los períodos de estrés.

 

La exposición a factores de estrés psicológico despierta la llamada ¨respuesta de luchar o huir¨. Esta respuesta al estrés incluye la activación rápida de múltiples vías neuroendocrinas, incluyendo el eje HHA y el sistema nervioso simpático, que da como resultado la liberación de glucocorticoides (tales como el cortisol) y de catecolaminas (como la norepinefrina y la adrenalina), respectivamente. El estrés psicológico causa vulnerabilidad a las enfermedades infecciosas al alterar la respuesta inmune. Los organismos patógenos como las bacterias también pueden beneficiarse de la presencia de hormonas neuroendocrinas.


La influencia del estrés en la función inmune.

La liberación de glucocorticoides desde las glándulas suprarrenales es el resultado final de la activación del eje HHA. Después de su liberación desde la corteza suprarrenal, los glucocorticoides entran a la circulación y sirven como señal de retroalimentación negativa para que el hipotálamo finalice la respuesta al estrés. Además, los glucocorticoides tienen funciones inmunológicas en el cuerpo. De esta manera, desempeñan un papel en la inmunosupresión y en la inhibición de reacciones inflamatorias.

 

Inmunosupresión

Para su operación, los glucocorticoides dependen de su interacción con los receptores de glucocorticoides, que están presentes en todo el cuerpo. Las células con el mayor número de receptores de glucocorticoides son los timocitos inmaduros y las células inmunes naive. Éstas son las más susceptibles a los glucocorticoides: la interacción entre los glucocorticoides y sus receptores da como resultado la apoptosis de estas células, lo que significa que no pueden ser reclutadas en la respuesta inmune. Esto conduce a la inmunosupresión.

 

Inhibición de la inflamación

El efecto antiinflamatorio de los glucocorticoides radica en su capacidad para modular la expresión génica inmunológica. Existen numerosos mecanismos por los cuales los glucocorticoides pueden suprimir la transcripción de genes implicados en la respuesta inflamatoria. La mayoría interviene en la activación del factor de transcripción pro-inflamatorio NFκβ. La transrepresión directa se produce cuando un complejo receptor de glucocorticoides se une directamente a un factor de transcripción, como el NFκβ, y por lo tanto evita que tome lugar la transcripción de genes pro-inflamatorios tales como el TNF-α, IL-1β e IL-6. La transrepresión indirecta tiene lugar cuando el complejo receptor de glucocorticoides se une a una parte del ADN, un elemento de respuesta al cortisol, e impide de esta manera la unión del NFκβ con ese ADN y la transcripción del gen. Además, el complejo receptor de glucocorticoides puede activar genes antiinflamatorios tales como IL-10 o Iκβ, que inhiben la acción del NFκβ, a través de la transactivación.

 

Estrés crónico.

El estrés crónico va de la mano con un aumento de los glucocorticoides sistémicos. Como resultado, el riesgo de inflamación, paradójicamente a lo anterior, aumenta. El estrés proporciona un mayor nivel de citocinas proinflamatorias circulantes, tales como TNF-α, IL-1β e IL-6, mientras que al mismo tiempo aumenta el nivel de cortisol. La exposición constante a los glucocorticoides circulantes da como resultado que los receptores de glucocorticoides se vuelvan insensibles a los glucocorticoides, como el cortisol (resistencia al cortisol), lo que da como resultado que los receptores de glucocorticoides ya no respondan a los glucocorticoides. Como resultado, los glucocorticoides pierden su efecto antiinflamatorio e inmunosupresor. Además, una previa exposición a los glucocorticoides parece hacer que el inflamasoma sea más susceptible a la inflamación, fortaleciendo aún más la posterior respuesta inflamatoria.

 

Activación del sistema nervioso simpático.

La activación del sistema nervioso simpático durante la exposición al estrés asegura la liberación rápida de catecolaminas. Estas también pueden modular la respuesta inmune. Lo hacen interactuando con los receptores adrenérgicos localizados en las células del sistema inmune, incluyendo a los neutrófilos y los macrófagos. Por ejemplo, la unión de catecolaminas a receptores adrenérgicos puede promover o inhibir la secreción pro-inflamatoria de citocinas por los macrófagos, dependiendo del receptor al que llega la catecolamina. También los efectos de las células NK (del inglés ¨Natural Killer¨ = Asesinas Naturales) y de las células T pueden ser suprimidos por la activación de los receptores adrenérgicos por parte de las catecolaminas.

 

Las catecolaminas también pueden cambiar significativamente el crecimiento microbiano y la virulencia a través de diversos mecanismos, lo que lleva a una replicación más rápida y una mayor expresión de factores de virulencia de ciertos microbios. Además, las catecolaminas pueden alterar la capacidad de los microbios para causar enfermedades al modificar el microambiente. En el tracto digestivo, por ejemplo, las catecolaminas pueden influir en el medio ambiente de tal forma que los patógenos pueden sobrevivir mejor. Esto funciona esencialmente a través de la inhibición de los mecanismos de protección. De esta forma, bajo la influencia de las catecolaminas se ralentiza la motilidad intestinal y disminuye la producción de mucosidad.

 

El efecto del estrés en las enfermedades infecciosas.
Con el estrés psicológico se ha demostrado que los mecanismos descritos anteriormente proporcionan una mayor susceptibilidad a las infecciones virales y que durante un período de estrés la severidad de una infección viral es mayor. También la respuesta a las vacunas protectoras es menor en personas estresadas. Los estudios en animales muestran que la duración, la gravedad y la percepción personal del factor de estrés determinan el grado de influencia del estrés en la forma en que el cuerpo responde a las infecciones. Generalmente, se acepta que el aislamiento a largo plazo es más inmunosupresor, mientras que el tumulto social puede fortalecer y estimular el sistema inmune.

 

En resumen, la exposición al estrés produce reacciones neuroendocrinológicas que afectan tanto a los patógenos invasores como al sistema inmune de respuesta. Su cliente que está bajo una considerable presión de trabajo, o su cliente que está cuidando a su madre enferma, pero también su cliente que se encuentra solo, todos corren un mayor riesgo de sufrir resfríos persistentes, gripe o del un resurgimiento de algún virus latente de herpes que esté presente. La solución definitiva es deshacerse del factor estresante. Por supuesto, eso no siempre funciona. Ahora que usted conoce el mecanismo detrás de una mayor susceptibilidad a las enfermedades infecciosas durante los períodos de estrés, usted puede en cualquier caso asegurarse de que su cliente esté mejor preparado para enfrentar las infecciones. Comience prescribiendo alimentos curativos, como por ejemplo, el plato cuya receta encontrará más adelante en este boletín. Esto no es bueno para su cliente estresado sólo en un nivel físico; Disfrutar de una buena comida es pura relajación, cierto...?

 

Fuentes 

-Mackos A.R., Bailey M.T., Neuroendocrine regulation of infectious disease, Primer of PsychoNeuroImmunology Research 2016, p. 153 – 140

-Bailey, M.T., Psychological Stress, Immunity, and the Effects on Indigenous Microflora, Adv Exp Med Biol. 2016; 874:225-46

-Lafuse et al, Exposure to a social stressor induces translocation of commensal lactobacilli to the spleen and priming of the innate immune system, J Immunol. 2017 Mar 15; 198(6): 2383–2393

-Mackos, A.R., Maltz, R., Bailey, M.T., The role of the commensal microbiota in adaptive and maladaptive stressor-induced immunomodulation, Horm Behav. 2017 Feb; 88: 70–78