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Viernes 24 Noviembre 2017

Vivir junto a un bosque es bueno para la amígdala

En 2050, más del 70% de la población mundial vivirá en ciudades. ¿Pero nos sentimos en ellas como en casa? Una ciudad no se parece en ningún aspecto a nuestro nicho evolutivo. Un nuevo estudio demuestra que nuestra amígdala siempre prospera mejor en las cercanías de un bosque.

 

Ansiedad, agresividad, emociones inconscientes: en todas estas vivencias tiene un papel primordial nuestra amígdala. La amígdala conecta nuestras experiencias en el entorno con nuestros sentimientos profundos y las almacena en la memoria a largo plazo, de modo que se puedan evitar más fácilmente en el futuro las experiencias desagradables.

 

¿Pero qué pasa si este entorno ya no es el que era? ¿Influye (inconscientemente) sobre cómo nos sentimos y sobre dónde queremos y no queremos estar? Investigadores del instituto Max Planck han estudiado estas cuestiones [1].

 

El bosque es mejor para la amígdala 

Ya se sabía que hay más probabilidades de sufrir trastornos de ansiedad y estado de ánimo en la ciudad que en el campo [2]. La nueva investigación demuestra que los habitantes de ciudades que están muy cerca de un bosque tienen una amígdala más sana en cuanto a estructura.

 

Los participantes del estudio procedían del Berlin Aging Study II (BASE-II). En total, en él tomaron parte 341 adultos entre 61 y 82 años. Además de tests de memoria, se hicieron resonancias magnéticas de la amígdala y otras zonas del cerebro implicadas en el procesamiento del estrés. ¿Pero cómo se observó la influencia de un bosque cercano en la amígdala?

 

Sorprendentemente, no se utilizaron cuestionarios. Lo que se hizo fue enriquecer los datos de las resonancias con información GPS de los domicilios de los participantes. De esta forma quedó claro quién vivía cerca de un bosque y quién no. El resultado fue que las personas que vivían cerca de un bosque tenían una estructura de la amígdala más sana. Una amígdala saludable puede contribuir a una mayor resistencia al estrés y puede reducir el impacto de la ansiedad y otras emociones sobre el individuo.

 

Algo más que correr por el parque 

Aunque se encontró una asociación entre una amígdala sana y vivir cerca de un bosque, no se encontró relación alguna entre la amígdala y las zonas verdes urbanas, los estanques artificiales y los solares sin construir. Darse una vuelta corriendo por el parque puede ser sano, pero es probable que no tenga ningún efecto sobre nuestra amígdala.

 

Por lo demás, aún no se sabe si se trata de una relación causa-efecto, ya que las personas con una amígdala más sana podrían tener una mayor tendencia a vivir cerca de un bosque, pero los investigadores consideran esto último muy poco probable.

 

Regulación de la emoción y el estrés 

Recientemente se han encontrado más asociaciones entre la vida en la ciudad y el riesgo de desarrollar afecciones mentales. Este estudio fue publicado en Nature. En él se ve que hay dos zonas del cerebro especialmente sensibles a la influencia del entorno urbano. Ambas están implicadas en la regulación de la emoción y el estrés.

 

En palabras de los investigadores: "Las probabilidades de sufrir trastornos de ansiedad son un 21% mayores entre los urbanitas. Además, tienen un 39% más de probabilidad de tener trastornos del estado de ánimo. Por otra parte, la incidencia de la esquizofrenia es casi el doble de alta cuando las personas han nacido y crecido en la ciudad. El primer paso para solucionar esto es averiguar cómo funciona la biología subyacente".

 

Un pedacito de nuestro nicho evolutivo 

El estudio recalca la importancia de recrear al máximo posible nuestro nicho evolutivo dentro de nuestro entorno actual. No solo por nuestra salud física, sino también para nuestro bienestar psíquico. Si es posible, la vida en (las cercanías de) un bosque es la idónea para reducir el estrés y la ansiedad.

 

Si no es posible, siempre hay que intentar estar al aire libre con regularidad. Y a este respecto es preferible una larga caminata por el bosque o un fin de semana en una cabaña en el bosque antes que pasar tiempo en zonas verdes de la ciudad.

 

Fuentes 

[1] Simone Kühn et al. In search of features that constitute an "enriched environment" in humans: Associations between geographical properties and brain structure, Scientific Reports (2017)

[2] http://www.douglas.qc.ca/news/1103?locale=en