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Domingo 10 Septiembre 2017

Cómo la neuroinflamación enferma nuestro cerebro

En la investigación científica sobre enfermedades cerebrales, cada vez se señala con más frecuencia la neuroinflamación como causa. Alzhéimer, depresión, párkinson, esclerosis múltiple y TOC: la tomografía por emisión de positrones (PET) de hoy en día, de alta sensibilidad, muestra con pasmosa claridad las inflamaciones del cerebro. ¿Pero cual es la causa última?

 

Tómese, por ejemplo, el alzhéimer. En el pasado, esta enfermedad neurodegenerativa se describía como la acumulación de ovillos neurofibrilares y placas beta-amiloides. Recientes estudios demuestran que la causa es una neuroinflamación crónica del cerebro [1]. La acumulación de placas y ovillos viene después, como explicaremos más adelante. Pero aquí no acaba la influencia de la neuroinflamación.

 

También desempeña un papel en la depresión, el párkinson y la esclerosis múltiple [2,3]. Un nuevo estudio con escáneres cerebrales publicado en JAMA Psychology añade a la lista el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) [4]. En esta última patología se ha utilizado con bastante éxito la terapia cognitivo-conductual (combinada o no con medicinas) [5]. Pero, en cualquier caso, ¿no debemos averiguar primero de dónde procede esa neuroinflamación, para después elegir una terapia que aborde directamente la causa y en la que se use la mínima cantidad posible de medicinas?   

 

Dónde empieza la neuroinflamación

Un ejemplo fascinante de cómo funciona el proceso neuroinflamatorio lo aporta la hipótesis de Braak sobre la progresión del párkinson. Se trata de la mejor hipótesis en este campo, tal como corrobora este año en una revisión la revista Parkinson's Disease, asociada a Nature. Y es que no menos del 53-82% de todos los casos de párkinson pasan por los cuatro estadios de Braak, según los investigadores.  ¿Y qué nos dice Braak sobre la causa última?

 

Un problema intestinal. En el estadio uno, se produce una inflamación en el intestino, por ejemplo, como reacción a un estímulo microbiológico. Esta inflamación provoca que la proteína alfa-sinucleína cambie de forma. Mientras hay un equilibrio entre flora favorable y desfavorable, esta proteína no puede salirse del entorno intestinal. Pero si hay disbiosis, puede originarse permeabilidad intestinal, lo que permite a la alfa-sinucleína migrar a través del sistema nervioso central. El organismo no reconoce la proteína alterada, por lo que se produce una reacción inflamatoria. La proteína prosigue su camino hacia el cerebro y la inflamación se extiende cada vez más.

 

En el estadio dos, el tallo encefálico se inflama y se producen síntomas tempranos de párkinson, como trastornos de sueño y depresión. En el estadio tres, las células productoras de dopamina se inflaman, lo cual explica la motricidad característica de esta enfermedad. En el estadio cuatro, las áreas ejecutivas del cerebro también se ven afectadas, lo que puede dar lugar a problemas cognitivos como la desinhibición.

 

Los escáneres cerebrales también muestran a las claras que la inflamación es realmente previa al desencadenamiento de los síntomas del párkinson [2]. ¿Este proceso funciona de igual modo en la esclerosis múltiple y el TOC?   

 

El proceso subyacente es el mismo

Aunque los detalles concretos varían de una afección a otra, tienen una cosa en común: todas empiezan con la inflamación de un medio intestinal desfavorable en individuos sensibles. De ahí surge la neuroinflamación, trastornándose después todo el eje microbiota intestinal-cerebro (o eje cerebro-intestinal).

 

Lo primero que hacen las inflamaciones crónicas de bajo grado en el intestino es romper la pared intestinal y otros tejidos. La barrera hematoencefálica, que es la guardiana que protege el cerebro de las toxinas, queda expuesta al peligro por efecto de las citocinas. A continuación, las proteínas y/u otras sustancias migran sin dificultad hacia el cerebro, por ejemplo, a través de los nervios, y allí dejan un rastro de inflamaciones. Después, las células inmunitarias del cerebro, como las microglías, son activadas y empiezan a producir especies reactivas de oxígeno (ERO), que dañan las distintas áreas del cerebro. Las citocinas, como la interleucina 6 (IL-6), la interleucina 1 beta (IL-1β) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), estimulan luego la inflamación y esta se expande cada vez más.

 

¿Cuál es el resultado? En presencia de estas citocinas, las microglías ya no pueden fagocitar bien. Así, por ejemplo, dejan de eliminar amiloides [6]. La placa se sigue acumulando mientras continúa activa la inflamación de bajo grado. Y si esto no se frena o se remedia desde la base, en el intestino, la enfermedad proseguirá su curso.

 

La neurodegeneración, esclarecida

Lo dicho hasta ahora también es aplicable a otras patologías neurodegenerativas. Ciertamente, la principal diferencia no está en el proceso subyacente, que casi siempre es una forma de neuroinflamación. Tampoco está en lo que permite la migración por los nervios, esto es, la disbiosis y la permeabilidad intestinal. La diferencia entre las distintas enfermedades yace sobre todo en la naturaleza de los intrusos y en las (combinaciones de) áreas de cerebro que finalmente se ven inflamadas. ¿Pero por qué no se ha "descubierto" esto antes?

 

Las inflamaciones cerebrales se pueden medir mucho mejor con la actual generación de tomógrafos por emisión de positrones (PET), de alta sensibilidad. De ahí que cada vez nos encontremos con más estudios acerca de esta causa inflamatoria. En el TOC, por ejemplo, se ven afectados los ganglios basales, quizá incluso el circuito córtico-estriado-tálamo-cortical en su totalidad, según un estudio muy reciente con tomógrafos PET [5]. Pero, también en este caso, todo empieza en el intestino.

 

Cóctel de factores de riesgo

En nuestra sociedad occidental moderna, el intestino tiene que enfrentarse a un cóctel de factores de riesgo. La alteración del eje cerebro-intestinal puede producirse como consecuencia de la edad, un trauma cerebral o autoinmunidad. Pero el papel principal lo desempeña la interacción entre los factores externos y el medio ambiente interno del intestino: toxinas y microbios nocivos, virus y bacterias en la comida, mala alimentación, falta de ejercicio, polución del aire y, por ejemplo, la exposición pasiva al humo del tabaco. Todos van dañando poco a poco nuestra flora beneficiosa, minando con ello nuestra salud.

 

También tiene que ver una cierta sensibilidad genética, pero siempre en combinación con la calidad del entorno epigenético que, a su vez, se ve influido por la dieta, el ejercicio, el estrés, el contacto social, la buena gestión emocional y toda una serie de otros parámetros en los que se puede intervenir sin recurrir a las medicinas.

 

Por tanto, un buen tratamiento (y prevención) comienza siempre por el sistema inmune del intestino. Incluso en (la fase temprana de) enfermedades neurodegenerativas tradicionalmente difíciles de tratar, como el párkinson, el alzhéimer y la esclerosis múltiple. ¿Conclusión? Si quieres abordar la causa última, tienes que optar por un tratamiento psiconeuroinmunológico.

 

Fuentes

[1] Meraz-Rios, Marco (August 2013). "Inflammatory process in Alzheimer's Disease". Frontiers in Integrative Neuroscience. 7.

[2] Tansey, Malu (May 2012). "Neuroinflammation and Non-motor Symptoms: The Dark Passenger of Parkinson's Disease?". Curr Neurol Neurosci Rep. 12: 350–358

[3] Madelyn C. Houser & Malú G. Tansey, The gut-brain axis: is intestinal inflammation a silent driver of Parkinson’s disease pathogenesis? Nature PJ Parkinson's Disease 3, Article number: 3 (2017)

[4] Sophia Attwells, HBSc; Elaine Setiawan, PhD; Alan A. Wilson, PhD; et al., Inflammation in the Neurocircuitry of Obsessive-Compulsive Disorder, JAMA Psychiatry. 2017;74(8):833-840.

[5] McKay D, Sookman D, Neziroglu F, Wilhelm S, Stein DJ, Kyrios M, Matthews K, Veale D, Efficacy of cognitive-behavioral therapy for obsessive-compulsive disorder, Psychiatry Res. 2015 Feb 28;225(3):236-46.

[6] Tansey, Malu; Tamy C Frank-Cannon (November 2009). "Does neuroinflammation fan the flame in neurodegenerative diseases?". Molecular Neurodegeneration. 4: 47.