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Miércoles 30 Marzo 2016

Síndrome metabólico - El mundo está engordando poco a poco

Nuestra salud está en apuros: primero fue el tabaco, después el exceso de comida, luego la mala alimentación y ahora el síndrome metabólico. Hasta ahora, nada nuevo bajo el sol. Pero cuando nos quitamos la venda de los ojos y observamos de forma crítica a las plantas y animales de nuestro alrededor, vemos que hay mucho más. Y eso nos obliga a mirar las cosas de forma radicalmente nueva.
   

Leo Pruimboom
Asesor Científico de la Fundación Natura, terapeuta según  la Psiconeuroinmunología clínica, diplomado en Fisioterapia y Fisiología.  

El síndrome metabólico es en realidad la suma de una serie de alteraciones inmunológicas y metabólicas. El síndrome se considera un factor de riesgo, no una enfermedad en sí misma. Su impacto depende de la cantidad de parámetros que estén desequilibrados: cuantos más hayan, mayores serán las repercusiones negativas sobre la salud. Piense, por ejemplo, en enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, depresión, algunos tipos de cáncer y, por supuesto, sobrepeso y diabetes tipo 2.

Los síntomas y causas conocidos

El síndrome metabólico se caracteriza por inflamación de bajo grado, insulinorresistencia, desequilibrios lipídicos, hipertensión, intolerancia a la glucosa y un contorno de cintura por encima de los 94 cm en hombres y de los 80 cm en mujeres. Este último parámetro sí que depende del origen de la persona que sufre de síndrome metabólico (véase figura 1).


Figura 1 Contorno de cintura como valor de corte, en función del origen (Kaur, 2014).

 

Las causas del síndrome metabólico puede imaginárselas usted mismo: alimentación muy calórica, poco ejercicio, estrés crónico, tabaco, abuso de alcohol y falta de sueño. Aparecen mencionadas en cualquier publicación científica. Por tanto, las intervenciones están basadas en cambios de estilo de vida, esto es, más ejercicio, introducir descansos de la posición sentada cada treinta minutos, comer menos, reducir el estrés y, dado el caso, usar reguladores del colesterol y de la presión sanguínea (ya sean naturales o químicos).   

¿Cuál es el eslabón perdido?

A pesar del hecho de que todo el mundo sabe que el síndrome metabólico es un factor de riesgo para tantas enfermedades, en realidad nadie del ámbito médico y político ha conseguido provocar un cambio sustancial en las cifras de personas que lo padecen. Al contrario: la carga patológica no hace más que aumentar (véase la figura 2).

 

Figura 2 Aumento mundial en las cifras de personas con síndrome metabólico (Basado en Wild et al. 2004)

 

Este aumento solo puede significar que algo falla en el modelo original que se maneja hoy en día en todas partes.

Punto de vista radicalmente nuevo

Es hora de quitarnos la venda de los ojos. Debemos observar no solo la vida de las personas, sino también la vida a nuestro alrededor: animales y plantas, tanto los incorporados a nuestra cultura como las variedades salvajes. Esta manera de hacer ciencia se llama "medicina comparativa", y puede arrojar una nueva luz sobre un problema cada vez más grande y doloroso. 

 

Empecemos por nuestras mascotas. Al igual que sus amos, cada vez tienen más sobrepeso y muestran síntomas de síndrome metabólico. Esto incluye perros y gatos, pero también caballos. Dentro de la veterinaria hípica, el síndrome metabólico lleva años siendo considerado la causa principal de la infosura (laminitis). Ampliando nuestra mirada al resto del reino animal, los animales de zoológico también parecen sufrir cada vez más de síndrome metabólico. Lo mismo se puede decir de los animales de laboratorio. 

 

El síndrome metabólico en mascotas es comprensible: muchos animales comen lo mismo que sus amos. Lo extraño es su aumento entre animales de laboratorio y zoológico. Estos animales son alimentados siguiendo un protocolo fijo y aun así siguen aumentando de peso. Parece ser que los chimpancés muestran en los últimos cinco años un aumento de peso medio de más del 35%, y lo mismo ocurre con las cobayas de laboratorio. 

 

Más llamativo y sorprendente es el hecho de que los animales salvajes también desarrollan sobrepeso, a pesar de que no coman comida industrial y tampoco se muevan menos. Pero todos estos animales salvajes tienen algo en común: todos tienen más tejido adiposo y, por tanto, más energía almacenada en sus reservas.  

También las plantas están engordando

No solo están engordando los animales, también las plantas tienen cada vez más cantidad de energía almacenada, por lo que parece que están desarrollando su propio "síndrome metabólico". Éste presenta una diferencia con el de los animales y humanos: la energía que almacenan las plantas no se compone de grasas, sino de hidratos de carbono. 

 

La quema de combustibles fósiles produce un continuo aumento de los niveles de CO2 en el aire. Con el CO2, las plantas fabrican toda clase de carbohidratos y los almacenan como fuente de energía para poder sobrevivir en periodos fríos y secos. El problema es que unos niveles altos de CO2 en el aire tienen un efecto positivo sobre los azúcares no estructurales como la glucosa y la fructosa, mientras que se reduce la proporción de grasas y proteínas.

 

En efecto, un estudio reciente con más de 5000 variedades de plantas demuestra que la cantidad de carbohidratos ha aumentado un 54% y la de proteínas ha disminuido en la misma medida. Además, el mayor aumento de hidratos de carbono se da en forma de glucosa y fructosa.

¿Casualidad?

¿Es casualidad que estos sean los mismos azúcares que contribuyen en el ser humano a la aparición del síndrome metabólico? ¿Desarrollamos síndrome metabólico porque comemos plantas que "están más gordas"? ¿El déficit de proteínas en las plantas produce palanca proteínica, es decir, que tengamos que comer más para alcanzar nuestras cantidades mínimas de proteínas?

Le gustaría conocer la respuesta a estas preguntas?  

Durante la formación de Psiconeuroinmunología clínica, el participante aprende a diseñar planes integrales de tratamiento para  enfermedades y trastornos actuales, siendo uno de ellas el Síndrome metabólico. Además de la alimentación y el ejercicio, se le da atención al biorritmo,  sueño, estimulación térmica,  intervenciones psicosociales y suplementación. 

 

Para más información sobre la formación de PNIc, visite:

http://www.naturafoundation.es/?objectID=2109